Un importante CEO de una compañía con inversiones en Vaca Muerta comentó en una conferencia para la industria que ya había perdido la cuenta del número de resoluciones, decretos y DNU que tuvo que revisar y luego traducir de forma sencilla a los accionistas internacionales. La Argentina no es un país fácil de entender.
Quizás por esto también los argentinos somos objeto de estudio de economistas y sociólogos. El caso más conocido es el de Simon Kuznets que en 1971 recibió el Premio Nobel de Economía por sus estudios sobre el rumbo que toman los países desarrollados. Allí decía que la Argentina había tomado caminos equivocados que la hicieron retroceder al subdesarrollo y la estancaron.
Estos últimos piquetes, fruto de un conflicto que no se resolvió a pesar de que se sabía que era una bomba de tiempo, terminaron convirtiéndose en un obstáculo para la recuperación de la industria hidrocarburífera neuquina, el abastecimiento de gas argentino y el desarrollo de las fuentes de trabajo y pymes después del crítico 2020.
Como dice Alex Valdez (ver la nota en la página 5 de este número), ex director de Hidrocarburos de Neuquén: “En definitiva, lo que se debe recuperar para retornar a las actividades después de este conflicto es la confianza. La confianza en nosotros mismos, en nuestras instituciones y en nuestra dirigencia”.
Entre las demoras en lanzar el Plan Gas y el parate en la Cuenca Neuquina, las petroleras estiman que se deberán importar combustibles por más de u$s 250 millones extra (ver la nota de la página 2 y 3).
La confianza involucra un marco regulatorio de largo plazo, condiciones para girar divisas (para lograr financiamiento y cumplir con los accionistas) y un contexto de paz social. Claro que son tiempos turbulentos con la pandemia, el incremento de la pobreza y las luchas de diferentes sectores gremiales para recomponer su poder adquisitivo.
Sin embargo, que eso último es apenas algunos fotogramas de una película completa que involucra a una industria con enorme potencial. Vaca Muerta es una roca shale de clase mundial, con enormes reservas de shale gas y shale oil que puede resolver los problemas energéticos del país y también generar una cuota exportable.
Por caso, el proceso de descarbonización en Chile es un plan ambicioso del Estado a largo plazo que requiere de reemplazar paulatinamente la quema de combustibles líquidos por gas natural, el recurso menos contaminante y más abundante con el que contamos en la actualidad.
Alemania ya informó que el gas de Rusia será importante para sus proyectos de hidrógeno verde. Para poder explotar el gas es necesario garantizar las inversiones.