La fuerte dependencia de Australia de la energía procedente del carbón convierte al país en uno de los mayores emisores de carbono per cápita del mundo, pero su Gobierno conservador ha apoyado de manera decidida a las industrias de combustibles fósiles, argumentando que medidas más duras contra las emisiones costarían puestos de trabajo.
Las últimas cifras de exportación de Australia demuestran que "los informes sobre la inminente muerte del carbón son muy exagerados y que su futuro está asegurado mucho más allá de 2030", declaró el ministro de Recursos, Keith Pitt, en un comunicado.
En los tres meses anteriores a julio, las exportaciones de carbón australiano aumentaron un 26% en valor, hasta alcanzar los 12.500 millones de dólares australianos (9.300 millones de dólares). Los precios del carbón han subido a medida que las economías mundiales se recuperan de las restricciones del COVID-19.