Fernando Croxatto

Fernando Croxatto: "Lo más preocupante es el aumento de los sin religión"

Obispo de Neuquén. Reconoció que la Iglesia Católica debe tener una relación de más cercanía con la sociedad, algo que por su estructura hoy no se produce.

Por Francisco Carnese - carnesef@lmneuquen.com.ar

El obispo de Neuquén, Fernando Croxatto, relativizó el estudio que dio a conocer el Conicet respecto del aumento de las personas que no predican ninguna religión y del incremento de los evangélicos frente a los fieles católicos. Sin embargo, reconoció que la Iglesia debe tener una relación de más cercanía con la gente y de apertura frente a nuevos fenómenos, como el movimiento feminista.

-¿Cómo analiza el crecimiento de las iglesias evangélicas y sus fieles por sobre los católicos, además de la gente que manifiesta no ser creyente?

Lo más preocupante es el aumento llamativo de los sin religión, porque hablamos de personas que no tienen esperanza, ahí no hay pasado ni futuro. Eso provoca un gran vacío en la vida, es difícil vivir sabiendo que delante del horizonte solo está la muerte, por eso digo que es negarse a la esperanza. Y quiero marcar la relatividad del estudio del Conicet en el sentido de que es una encuesta de 2100 casos para 40 millones de habitantes.

Mi valoración respecto de los evangélicos es que no me llama la atención que hayan crecido mucho, algo que se ve sobre todo en los pueblos y localidades pequeñas. Habla de la necesidad que tenemos todos de buscar algo que dé respuesta a un vacío dentro de un espacio de encuentro.

-¿Y esos espacios de encuentro no están en la Iglesia Católica?

No. Lo que ocurre es que los pastores evangélicos surgen en comunidades más chicas y generan una cercanía. Y en la Iglesia, por su estructura, esa presencia y cercanía no se dan.

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-¿Por qué?

Porque la fe ha perdido el contacto con la verdad, que precede a la vida del hombre, una verdad más profunda. Hay un supermercado de la fe donde nos agarramos de lo que más nos conviene, entonces cuando las comunidades se plantean armar un ambiente religioso en función de la necesidad de la gente, los que viven en esa verdad más subjetiva encuentran verdades en ese lado. Pero cuando la verdad es más profunda, de memoria, ya no hablamos de creencias, hablamos de fe. Es una respuesta personal, que se revela, que da sentido a la vida.

En este contexto cultural no hay una verdad mayor que nos congregue a todos, y esto también hace a la pérdida de fieles en las comunidades, porque están más contagiados por la mundanidad de las tres G del tiempo moderno: ganar, gastar y gozar. Y eso es contrario a la fe, la fe es comunitaria o no es fe.

-¿Y qué respuestas da la Iglesia Católica frente a esto?

Hace muchos años, a mitad del siglo XX, con el Concilio Vaticano II, se decidió abrir las ventanas para que entre aire nuevo y se replantee la realidad, renovando propuestas. Y hoy vamos viendo que los signos que nos va presentando la historia nos están pidiendo una mayor atención y reflexión para dar respuesta a nuevos emergentes problemáticos.

-¿Cómo cuáles?

La mujer, por ejemplo, que es algo que nunca estuvo ausente en la Iglesia. La Virgen María siempre fue el modelo para nosotros y desde ahí reflexionamos. Pero el Papa planteó que nos debemos una reflexión más profunda del lugar de la mujer en la Iglesia y estamos convencidos de eso.

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-¿Qué opinión le merece el movimiento feminista?

Lo veo como algo positivo a ese feminismo reflexivo, verdadero, equilibrado y dialogante. No al feminismo fundamentalista y cerrado. Pero lo que provocó que la mujer encuentre su lugar e igualdad frente al hombre, pese a que todavía sigue estando desmerecido, me parece muy bueno. Volver a la igualdad inicial de la creación, encontrar ese camino es un valor que no podemos negar, y si este movimiento lo impulsa, bendito sea Dios.

-¿Y con el aborto?

Hay que respetar las opiniones. Yo tengo mis propias convicciones antropológicas sostenidas desde la fe y no puedo admitirlo.

Lo más grave es que no estamos haciendo nada culturalmente ni desde la educación para sostener algo que no debería acontecer, como un embarazo no deseado o una violación. Las leyes no van a responder a esa realidad. Lo que hay que lograr es que esto no pase, pero no apoyados por una ley, sino por una actitud humana del respeto por el otro.

-¿Cómo es su relación con el gobierno provincial?

Tenemos un diálogo abierto, tanto con el gobernador como con sus ministros, más allá de tener miradas distintas en algunos casos. El tema medioambiental y el agua, por ejemplo, son temas sobre los hay que tomar conciencia para saber qué les vamos a dejar a las generaciones que vienen.

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