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Vaca Muerta: pasado, presente y futuro de la palabra "excedente"

En los inicios del 2019 se hablaba de los excedentes de petróleo, de la mano del shale oil. Hoy, las empresas señalan el excedente de trabajadores.

POR FERNANDO CASTRO - Editor +e

El secretario general del gremio petrolero, Guillermo Pereyra, casi sin querer, hizo un perfecto resumen del pasado y el presente del shale utilizando una sola palabra. En rigor, es una palabra acuñada por las empresas petroleras ante el ministro de Trabajo de la Nación, Claudio Moroni. Se trata de la palabra excedente. Ahora, se dice, hay 3000 trabajadores excedentes en Vaca Muerta. Sería algo así como un grupo que pende más que nunca de un hilo y que, por presión del gremio a las productoras, sería parte de una rotación en los equipos para evitar despidos. A recordar: hay 567 telegramas que esperan una resolución.

Sin embargo, el pasado reciente reservaba a la palabra “excedente” otros usos dentro de la industria petrolera.

Por ejemplo, a principios del 2019 se apostaba al excedente de petróleo, vía el incremento de la producción de shale oil, como un final inexorable para la curva de crecimiento de la Cuenca Neuquina. Ese crudo sobrante para el país sería la llave de apertura hacia nuevos mercados (con muy poco se pondrían inyectar 200.000 barriles hacia puertos del Pacífico y el Atlántico).

Pero llegó la consabida película de terror: el DNU 566, no sin antes la presión sobre el dólar producto de un endeudamiento/fuga feroz sin más, y la parálisis del sector con los surtidores como capítulo central, aún escribiéndose y no apto para cardíacos como desenlace de todo el asunto.

Así, en seis meses Argentina se las arregló para optar por (hasta el momento) la acepción más escabrosa entre las atribuibles a la palabra “excedente”. Una en la que empiezan a sobrar los trabajadores en el segundo reservorio de gas de esquisto del mundo y el cuarto a nivel global del crudo de la misma procedencia. No por ser nefasta y cíclicamente habitual, la paradoja deja de ser menos dolorosa.

Había, también, un excedente de dólares fáciles en el mercado que, de a ratos en clave de tragedia, hoy desencadenan la puesta en escena de los excesos, con pátinas de diplomacia, que por ahora es el posible acuerdo con el FMI, lo que le marcará la velocidad a la industria en los próximos meses por más buena que sea la ley que llegue al Congreso y que busca esbozar una suerte de luz entre los densos nubarrones del tifón.

Sin dudas, habrá nuevas variantes para dotar de sentido a la palabra “excedente” en los próximos meses. El lenguaje es su contexto.

En esa línea, queda por ver el caso de los excedentes de gas. ¿Hasta cuándo lo serán? La conjunción de precios a la baja y la falta de inversión y mercados son una suerte de cóctel fatídico para la producción del futuro.

Al mismo tiempo, ¿habrá barriles excedentes de crudo? Es decir, ¿bajará la curva de producción luego del presumible incremento de los últimos muy buenos pozos? Neuquén llegó a un pico histórico en enero, pero proyectaba 10.000 barriles más, un termómetro de la caída de la actividad. Ese ritmo será una variable central del corto plazo: las regalías petroleras configuran casi el 40% de los ingresos provinciales.

La ruta de los excedentes tiene de varios tipos y colores. Esa otra velocidad que tiene Vaca Muerta, para lo bueno y para lo malo, muestra en planos simultáneos logros determinantes, un potencial descomunal y la cruenta postal de los reiterados disparos autoinfligidos en los pies. Lo dicho, lo que manda es el acuerdo con el FMI. Como trasfondo, se necesitan buenas decisiones, de esas que le permitan al país escribir una historia en la que Vaca Muerta no tome la forma de un excedente colosal.

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