Añelo

El mundo, el COVID y Añelo: crujidos desde el corazón shale

Añelo es una muestra de lo malo y lo bueno en Vaca Muerta. El pueblo padece la crisis histórica luego de ser un imán de sueños de todo el país.

El intendente de Añelo, Milton Morales, fue claro: “Esto es un caos”. El jefe comunal tuvo cuatro días consecutivos de cortes de ruta, la semana anterior, en los que unos 200 trabajadores de la construcción hoy sin empleo pedían trabajo.

Afectaron de forma intermitente el acceso a yacimientos de Vaca Muerta. Para 20 de ellos hubo alguna salida laboral. Para el resto, por ahora, solo bolsones de comida que el gobierno provincial le acerca al Municipio.

Añelo fue hasta hace casi nada el imán para parte de los sueños laborales del país. Hoy muestra, con una contradicción aguijoneante, los efectos de la situación macroeconómica argentina, que se remontan a los días siguientes al decreto 566/19 del gobierno de Mauricio Macri, que intervino con un precio a la baja en el mercado petrolero. Así buscó contener subas de la inflación, a través de posibles incrementos de los combustibles y su impacto en la canasta básica de millones de argentinos. No sucedió. Acaso hubiera sido peor sin esa medida.

Pensarlo es algo parecido a una distopía, un diario del lunes en el que hoy manda, por contraste, la realidad. Las indefiniciones políticas y un clima económico cada vez más severos, con la contribución de la situación global del petróleo y el COVID-19, agravaron el cuadro.

Añelo es la contracara negativa de lo global dentro de lo local. Lo dicho: un tablero de decisiones de los precios en el mundo que da de lleno en las economías regionales, como la neuquina.

Mientras la producción se incremente y el precio sea redituable para las inversiones, el clima de bonanza se extiende y forma parte de un crecimiento casi sin par. Al menos para el país.

Vaca Muerta, que tiene como ciudad cabecera a este pueblo de 8000 habitantes (que llega a unos 14 mil cuando entran los petroleros todos los días en épocas de bonanza), generó entre 3000 y 5000 millones de dólares de inversión los últimos cinco años. El lado bueno del ciclo de crecimiento, que al mismo tiempo tiene variantes que tensionan la vida local: los altos costos del crecimiento rápido que se trasladan a las propiedades, y a la economía en general, y los bajos sueldos de los que no son parte del ciclo virtuoso. Ese que también está golpeado, que no es lo que era, hasta nuevo aviso, y que se pispea en algunos de los dos mil trabajadores que ahora llegan de forma diaria a las áreas petroleras, en medio de una de las peores crisis que se recuerde. Todo para decir que una vez más la foto pone en contexto que no todo se trata de “fierros”, por si hiciera falta recordarlo.

Decenas de equipos que ya no están más, una cadena de pymes estragada por las deudas y las falta de pago tiene como foto última el nombre y apellido de los que la pasan mal también en medio de esta pandemia histórica y que la provincia atiende como puede. Es otra muestra en escala de Vaca Muerta. Ese pleno empleo de hace casi nada, y la caída fenomenal, junto con los deseos de que ese cuadro nefasto se revierta.

Ese reguero de contradicciones que es hoy el país. Lo que todos dicen saber pero para lo que restan definiciones trascendentales. Eso respecto de la foto más estricta de la actualidad. Lo otro, lo de siempre, todo el largo plazo posible en Argentina y la necesidad de, siquiera, una grieta tan angosta como para que los dos extremos respeten tres acuerdos posibles. Eso que haga más atrayentes las turbulencias argentinas que el estrago latente de un país productor en Medio Oriente.

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